Una tiendica de cómics en el cielo

A finales de los 80 compré en un quiosco, antes de irme de vacaciones, un cómic de Iron-Man. Hacía años que no leía tebeos, después de una infancia llena de Pulgarcitos, TBOs, Jabatos y Capitán Trueno.

En aquel momento empezó lo que, hasta hoy, ha sido una de mis principales aficiones y que ha ido derivando desde el simple gusto por la historieta hasta la búsqueda del uso del tebeo en la educación.

logoTaj MahalEn aquellos años encontré cerca de casa una tienda de nombre exótico, Taj Mahal Cómics, repleta de todo aquello que buscaba: miles de cómics y una atención exquisita de aquel librero que, con el tiempo, formó parte indisoluble de mi afición.

Pepe Fernández, junto al dibujante David López (izda.). Foto propiedad de @davizlopez y tomada de la web Viñetario (http://www.viñetario.com/?p=6032)

Pepe Fernández, junto al dibujante David López (izda.). Foto propiedad de @davizlopez y tomada de la web Viñetario

En el año 92 tuve que hacer la mili y el destino me llevó lejos de Zaragoza, a Menorca nada menos. ¿Qué iba a hacer con mis tebeicos, mis colecciones, abandonadas durante 9 meses? Así que, con algo de vergüencilla por si recibía la mirada de “ya está aquí este friki que pide cosas raras”, me acerqué a Pepe y le pregunté: ¿podríais guardarme los números de estas colecciones mientras estoy fuera?

Su respuesta fue inmediata y, desde ese momento, tuve una “habitación”, ese casillero con mi nombre para mis cómics, en esa casa que es Taj Mahal para todos nosotros, para todos aquellos que sabemos de los miles de mundos e historias que encierran los tebeos.

Durante los años siguientes hasta hoy, Pepe nos ha regalado con su profesionalidad, con su atención y con todo lo que sabía de este mundillo. Con su mujer a su lado han visto a mis hijos crecer y cómo se han ido aficionando también a los cómics.

La semana pasada recibimos la noticia que nunca queremos recibir, el fallecimiento de Pepe. Hace tiempo que sus hijos habían tomado el relevo en la tienda, pero saber que Pepe ya no está con nosotros deja un vacío muy difícil de llenar.

Nuestro único consuelo, si somos creyentes en una vida en otro sitio mejor que este, es que seguro que Pepe, al llegar, habrá abierto allí una tienda de cómics. De este modo, cuando llegué nuestro momento, entre nube y nube podremos seguir disfrutando eternamente de este mundo emocionante del tebeo.

¿Me guardas los números que vayan saliendo por ahí?

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