Invisibles

Paseas por una  calle cualquiera de una ciudad cualquiera, de esas en las que siempre encuentras algún solar abandonado a la espera de la construcción de turno. En ese solar resulta que hay 9.732 estropajos vegetales abandonados. ¿Los ves? Probablemente no, porque para casi todo el mundo, para nosotros afortunados que a pesar de todo lo que nos quejamos de la crisis no nos falta algo (bastante, mucho) que echarnos a la boca, los estropajos son invisibles, no son sino basura. Pero para Toussaint Pi, el mendigo protagonista de El Vendedor de estropajos, son su trabajo durante 6,17 años, que es lo que calcula le costará venderlos, a 1€ cada uno, para reportarle esos 9.732€ que espera sacar.

Así comienza la historia de la novela gráfica de título anterior en la que con la excusa de una investigación policial se nos muestra que no sólo los estropajos, sino el propio mendigo protagonista, es invisible a nuestros ojos, incluso a los ojos de un asesino que mata frente a él sin importarle su presencia pues ni lo ve (insisto, es invisible) ni piensa que pueda ser ningún problema pues, probablemente, sea también transparente a la policía.

Mendigos, homeless, gente deambulando por nuestras calles sin que las veamos o, mejor, sin querer verlas. Un sentimiento el de sentirse invisible que ya me cruzó el corazón con la novela gráfica 15 años en la calle, de Miguel Fuster.

El vendedor de estropajos hace visible a Pi a través de los ojos del inspector de policía que lo interroga. Descubre que, al dibujarse la silueta del mendigo en el paisaje habitual de nuestras vidas, aparece un persona como tú y como yo, luchando por sobrevivir y con capacidades que son, probablemente, mejores que las de muchos. “Era bueno con los números, era algo de nacimiento”, nos dice el protagonista. Y nos lo demuestra haciendo honor a su nombre, Pi, encontrando círculos en todo lo que nos rodea, demostrando que el mundo está hecho de círculos. Algo querrá decir…

Y en 15 años en la calle, Miguel, de manera autobiográfica, también se hace visible hablándonos de todo aquello que sentía y hacía mientras los demás no lo veíamos. Nos recuerda su vida antes de beber del amargo brebaje de la invisibilidad y con la novela gráfica nos recuerda todo lo que era capaz de hacer y que, de nuevo, quiere retomar. Un círculo que cerrar para tratar de reecontrar, de nuevo, su camino. Otro círculo, todo círculos, ¿conocerá a Toussant pi?

Tanto El Vendedor de estropajos como la obra de Miguel ofrecen otras lecturas. Ambas pueden verse como cuadernos de viaje en los que el camino recorrido no son sin las calles de la ciudad por donde deambulan, París y Barcelona y alrededores, respectivamente. Ambas muestran el esfuerzo de los protagonistas por ofrecer algo que puede interesar a quien sea y que los saque de la invisibilidad, los estropajos “con mensaje” (leer para comprender) en la primera, las magníficas obras salidas de un simple boli, en la segunda.

Ambos son cómics para leer con calma, para trabajar el valor del ser humano, independientemente de sus circunstancias y de los posibles errores que haya podido cometer en el pasado.

Ambas, en definitiva, dos grandes novelas gráficas que pueden ayudarnos a reflexionar, de manera individual o incluso en un aula, acerca de las crueldades que esta sociedad donde vivimos es capaz de cometer hasta, incluso, hacer que seamos invisibles unos a otros.

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3 respuestas a Invisibles

  1. Aleix dijo:

    Buenos días!
    Primero de todo, felicitarte por el blog, y en especial, por las 2 entradas sobre comics y enfermedades.
    Trabajo en una biblioteca pública y estamos preparando una exposición sobre comics y enfermedades desde hace un tiempo, aunque es un poco complicado. Tan solo te queria preguntar si conoces más títulos de cómics que traten sobre enfermedades.
    Muchas gracias de antemano!
    Saludos

  2. ademiguelartal dijo:

    Muchas gracias por los ánimos y la felicitación. Respecto a la pregunta, te respondo vía e-mail, ¿OK?. Un saludo.

  3. alfonso dijo:

    Enhorabuena por un blog estupendo. El de los mendigos me recuerda a Like a rolling stone de Dylan donde una una mujer muy pija acaba siendo una mendiga.. y dice Dylan: “you’re invisible now…”. En fin, me he acordado… elevado tono para el comic, el que me gusta. Saludos!

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